La esencia física de Dios           por     Fernando Valcarce Codes
De donde venimos? A donde vamos? Como llegamos aquí? Cuál será nuestro futuro después de la muerte?
Todas estas preguntas se las viene haciendo el ser humano desde que tiene conciencia de su existencia como ser racional y han dado origen a las diversas religiones que han existido y aún existen, cuyo fundamento se apoya en la existencia de uno o varios dioses de poderes magníficos, suprahumanos, a los que se adjudica de una u otra forma el origen de nuestra existencia, la del Universo que nos alberga y el destino de los seres vivos y el mundo conocido en cada momento histórico.
Desde mi humilde conocimiento de los fenómenos físicos, logrado por los diferentes investigadores a lo largo de la historia, me he planteado si la física puede aportar algo en esta incógnita existencial.
No son pocos los científicos que, antes que yo, han argumentado sobre el papel de un supuesto Dios en el orden y evolución del Universo, pero partiendo de la premisa de su existencia incuestionable y sus poderes predicados por la religión.
En nuestros días y en las culturas de influencia cristiana se contempla la existencia de un único Dios, infinito, sin principio ni final, omnipotente y omnipresente, creador de todo lo existente conocido y por conocer, justo y bondadoso, juzgador de nuestros actos en la existencia terrenal y sentenciador de nuestro futuro después de la muerte.
Pues bien, la pregunta que ahora me planteo es; ¿Podemos llegar a conocer a Dios a traves de la física?
Si la respuesta fuese afirmativa esto sería sin duda un gran avance, pues nos permitiría un conocimiento racional de algo que ahora aceptamos como dogma de fe.
Hay que buscar para empezar algo, algún fenómeno o cualidad conocida en física que se pueda relacionar, por sus características, con los poderes atribuidos a Dios.
Por ejemplo ; siempre ha existido y siempre existirá. Lo único que conocemos en física que se asemeje a este comportamiento es la energía.(1)
Un principio fundamental de la física es que la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma y esto supone que siempre ha existido y siempre existirá bajo una forma u otra, por lo que esto supondría su existencia eterna.
Veamos otra característica atribuida a Dios ; está en todas partes. Esta premisa también la cumple la energía, todo el universo que conocemos está determinado por acumulaciones y transformaciones de energía de uno u otro tipo.
El crecimiento de formas de vida en la Tierra y posiblemente en otros planetas alimentada por la energía recibida, entre otras, de la radiación de una estrella cercana, supone una mas de las múltiples transformaciones energéticas que se producen en el Universo, así como la aparición y desaparición de estrellas y planetas, las interacciones descomunales entre estrellas, galaxias y agujeros negros, con intercambios de energía que exceden ampliamente nuestra capacidad de imaginar.
Esto nos habla también de otra característica de la energía ; es todopoderosa, es decir puede contribuir a las transformaciones mas minúsculas y a las mas impresionantes y poderosas de el Universo conocido, y es ésta otra de las características que se atribuyen a Dios, es todopoderoso.
Hay atributos que se le imputan a Dios y que no tienen una explicación desde la física, son los que se refieren a su racionalidad, su sabiduría, su justicia y la intencionalidad de sus obras, pero si nos fijamos bien estos son atributos humanos que proyectamos o asignamos a un Dios para que cumpla con nuestras expectativas y nos tranquilice con respecto a la buena praxis de nuestras acciones.
Éstas NO son cualidades objetivas por tanto, sino mas bien subjetivas y por ello con frecuencia se encuentran diferentes conceptos en las diferentes religiones, aun siendo éstas monoteistas.
Es por ello que muchos de los sucesos que observamos en nuestra vida cotidiana no tienen explicación si asumimos la premisa de un Dios infinitamente bueno y justo, que respeta la libertad e individualidad de los seres vivos, pero que al mismo tiempo permite la ocurrencia de injusticias y desastres que provocan el sufrimiento y muerte de miles de ellos, arguyendo solo que todo ello se compensará o se castigará en un futuro incierto que nadie conoce y solo se acepta por muchos como un acto de fé.
Lo que observamos en la naturaleza son fenómenos que tienen su propia dinámica, animales que se devoran unos a otros, estrellas que canibalizan a otras más pequeñas o agujeros negros que no tienen línea de futuro porque toda forma de energía que se acerca a ellos desaparece sin dejar rastro y solo emitiendo grandes cantidades de radiación.
No parece que haya ningún vigilante imponiendo un supuesto orden justo, al menos no tal y como se le concibe desde la religión.
Hay sin duda una organización, una secuencia de los fenómenos de transformación de la energía en sus diferentes formas que conlleva siempre una disminución del desorden general, la entropía, que lleva inevitablemente a la igualación de los niveles de energía en todas las partes del Universo.
Las formas de energía mas altas y concentradas ceden parte de su energía a otras formas más distribuidas en un viaje de la energía permanente y que desembocaría en la muerte del Universo para dar lugar al nacimiento de uno nuevo y así en un proceso sin fin.
Pero siempre, bajo una forma u otra, la misma cantidad de energía estaría presente en el proceso y desconocemos su magnitud y cual es el fenómeno físico que desencadena el resurgimiento de un nuevo Universo a partir del mar homogéneo de energía que se alcanza al final de cada proceso de envejecimiento del Universo anterior.
Los investigadores trabajan intensamente en tratar de comprender estos fenómenos, pero mientras se elucidan, podemos seguir estableciendo analogías entre las cualidades atribuidas a Dios y las que encontramos en el comportamiento físico de la energía, tales como las que ya se han mencionado, ubicuidad, inmensidad, omnipotencia e infinitud, si bien tal y como se ha dicho el concepto de infinito estaría ahora cuestionado por el carácter recurrente en la existencia del Universo, aunque en cualquier caso la energía estaría siempre ahí y algo que se reproduce una y otra vez se puede considerar infinito.
También el concepto de inmenso se refiere a algo que no tiene límite y esto podría ser equivalente a que no se conoce ese límite o que no se puede medir.
En nuestro Universo conocido se han llegado a medir distancias de 13.000 millones de años-luz, que es aproximadamente la edad atribuida al Universo, pero nada nos indica que hayamos llegado al límite aunque se sospecha que éste pueda estar en los 46.500 millones de años-luz, pero que al estar en expansión nunca podríamos llegar a medirlo pues la máxima velocidad que se conoce en la física es la velocidad de la luz, 300.000 Km/s , y viajando a dicha velocidad nuestro horizonte de observación está limitado a los mencionados 13.000 millones de años-luz, mientras lo demás se aleja de nosotros a la misma velocidad y no podremos observarlo, luego para nosotros es inmenso.
Salvadas las cuestiónes de la infinitud y la inmensidad, la analogía entre los atributos objetivos de Dios y los de la energía coincide ampliamente y sólo son los atributos subjetivos, cuestión de fe, los que diferenciarían la existencia de un Dios con intencionalidades similares a las de los seres humanos, de una todopoderosa energía que rige objetivamente el devenir de todo lo existente en el Universo.
¿Se podría buscar y encontrar algún tipo de intencionalidad en los procesos energéticos que rigen las relaciones entre los diferentes entes del Universo?
Cualquier ejemplo que se intente poner adolecerá de múltiples defectos, pero aún sabiendo ésto, intentaré exponer uno relativamente sencillo.
Supongamos el proceso en el que un águila se propone la caza de un conejo para alimentarse, el águila puede ser joven o vieja, experta o inexperta, al igual que puede sucederle al conejo y ambos pueden haber descansado bien ese día o por el contrario pueden estar físicamente cansados.
El día puede ser uno de cielos despejados y vision clara o uno nublado y con escasa visibilidad y así un sin fin de circunstancias que influirán en cual será el resultado de la contienda entre el águila y el conejo.
Según sea el resultado se podrá argüir que el destino del conejo era ser cazado y devorado por el águila, o por el contrario que el destino del águila era quedarse sin comer ese día, todo dependerá del resultado del lance, pero si lo consideramos con detalle vemos que todo depende de una serie de estados energéticos previos de los implicados en la relación, incluidos los entornos en que se desarrolla la acción, incluyendo también en los estados enérgeticos factores tales como el estado de ánimo, la conservación y potenciación de sus facultades naturales, etc.
Todo ello es atribuible a la situación energética en que se produce el proceso, incluida la decisión y necesidad del águila en este caso de llevar a cabo el intento de dar caza al conejo y la inexperiencia o inadvertencia del conejo sobre la presencia de peligros que le podían acechar.
En física se diría que la solución del problema depende de las condiciones iniciales del proceso y de esta forma el resultado estaría determinado, no hay intencionalidad alguna aunque tanto el águila como el conejo experimenten el lance con angustia vital y quizá para un observador inadvertido se presente como un designio de los Dioses o el destino.
Ahora bien, decir esto es también equivalente a la afirmación de que Dios interviene en todos los procesos naturales, aunque en las religiones se hace la salvedad de que Dios permite libertad a los seres vivos para tomar sus decisiones incluso sabiendo de antemano, pues todo lo sabe, cuales van a ser éstas.
Esta salvedad puede haber sido introducida por los inspiradores de las creencias religiosas y permite a los seres humanos librarse de la opresiva sensación del determinismo de sus actos, responsabilizándoles de sus conductas en orden a poder dirigirlas y enjuiciarlas.
Aquí aparece la religión, básicamente, como una herramienta para la convivencia en sociedad, que se apoya en la existencia de uno o varios Dioses que dictan, supuestamente, una serie de reglas de convivencia que varían con las diferentes sociedades y épocas en las que se han implantado.
Se puede pensar que con todo este discurso no hemos avanzado mucho en la comprensión de la esencia de Dios, puesto que en realidad solo hemos cambiado de nombre algo que no conocemos, Dios, por otro de algo que tampoco conocemos, energía, pero no obstante hay algo que sí se puede considerar un avance, ya que de la energía conocemos muchas de sus propiedades y la forma en que se manifiestan, no es impredecible y se puede interpretar racionalmente siguiendo un método científico.
Se comporta objetivamente al margen de nuestros miedos o deseos, aunque también es cierto que podemos utilizarla de forma constructiva o destructiva según nuestros propios impulsos o intereses.
Nuestras "condiciones iniciales" deciden una vez mas, pero este determinismo nos puede inducir a pensar que hagamos lo que hagamos nuestro futuro está escrito y nada podemos hacer para cambiarlo y no es así porque la propia conciencia de nuestra existencia nos lleva a relacionarnos de cierta forma con nuestro entorno y producir cambios en él que alteran las condiciones existentes y modifican el devenir de los acontecimientos.
Es lo que a veces se ha dado en llamar "la dialéctica" , "el karma" y muchas otras denominaciones, que puede modificar en positivo ó negativo el resultado de los sucesos dependiendo de que esa praxis se adecúe o no al entorno en que éstos se desarrollan.
Retomando el ejemplo del águila y el conejo, si el águila es vieja y el conejo joven, el águila puede ser consciente de su limitación y no intentar el ataque, ahorrando de esa forma energía que más tarde podrá emplear en atacar a otro conejo mas torpe o desprevenido consiguiendo así su comida diaria y ésta habría sido una praxis positiva.
Si por el contrario ignora sus limitaciones e intenta dar caza al conejo, es posible que éste consiga escapar y el águila quede agotada y sin posibilidad de otro intento que le permita comer ese día y ésta habría sido una praxis negativa.
El por qué pueda haberse comportado de una forma u otra dependerá también de su historia particular y la de su entorno, pero éstas son modificadas en cada ocasión por sus decisiones como ente actuante en dicho entorno.
Todos somos partes de esa energía que interactúa y se transforma y como tales, agentes que intervenimos en los diferentes procesos que nos son próximos, somos partes integrantes de ese "Dios" que nos alberga.
Referencias
1.- "El viaje de la energía" , F. Valcarce , Madrid 2020
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