Oscuros cines de barrio, donde una y otra vez se repite la sesión
olor a sudor y a pipas y algún que otro achuchón.
Son recuerdos del pasado, de un tiempo que ya acabó
sus historias trepidantes de sexo, angustia y amor
de los hombres y mujeres que tiempo y espacio unió.
Unos y otras los recuerdan y suspiran con dolor
porque no pueden, como en el cine, ver otra vez la función.
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